miércoles, 3 de abril de 2019

El origen de mis hongos

Ya lo recuerdo.
Fue con los scouts.
Una noche me mojé y dormí empapado dentro del saco.
Al día siguiente el saco olía a ese característico vómito (ni yo ni nadie había vomitado) que me acompañaría en los siguientes años, cómo la Semana Blanca del Mirabal, etc...

Carta a mi madre (allá donde estés): fluir o el modo automático

Hola, mamá:

Te escribo porque últimamente he conseguido salir de una dinámica de la que me acabo de dar cuenta hoy, esta noche.

Hace años recuerdo que en una época nos empezó a fallar eso que ahora yo llamaría «piloto automático»; que dejamos de usarlo porque nos llevaba a hacer las cosas cada vez peor. Y entonces nos liamos la manta a la cabeza y pasamos a modo manual de continuo.

¿Qué es lo que fallaba?

La casa estaba siempre por barrer, la comida se pudría en el frigorífico (¡ay, la de guerra que nos dieron aquellas bacterias tan malolientes!), nuestras digestiones cada vez eran peores y, en general, siempre que estábamos más de uno en casa daba igual porque permanecíamos realizando actividades solitarias en nuestras habitaciones o en el salón; es igual, cada cual en una sala.

Esto debió de empezar sobre el año 98.

Y de momento no tengo nada más que decirte.

Ah, sí, ayer empecé a entrar en modo automático: a hacer cosas dejando que el cuerpo fluya, tratando de ser menos mental.

Ah, también me están saliendo pelitos en las manos :)

Publicidad y pseudociencias

Con una sociedad profundamente inculta en la que las pseudociencias de las nocivas se cuelan en forma de Harry Potter y Marvel con el beneplácito de los gobiernos y el empeño de las empresas del capitalismo de consumo, pseudociencias que nos hacen reforzar la idea de que una persona va a tener las propiedades geniales del anuncio o la vida fabulosa de su anterior dueño y con otras «pseudo cencias» como el yoga o el tai-chi que los gobiernos quieren prohibir por curar lo que no cura su «medicina "tradicional"», ya solo pendiente de maquillar síntomas y con una nula preocupación por las causas...

... me pregunto:

¿SOMOS TONTOS?

jueves, 14 de marzo de 2019

Tocar tierra

Hoy por fin he tocado tierra.

Como me estimo tan poco hace años que decidí que mi atractor para tener amigxs sería ofrecer ayuda. Una ayuda que me permitiría ofrecer un rasgo distintivo a mis amistades.

La realidad distó mucho de lo esperado y, como mucho, en estos años he llegado a relaciones de simbiosis en las que ofrezco y me ofrecen ayuda como quienes se quitan los bichos a cambio de protección, etc.

Durante años ha ocurrido esto y se ha entremezclado con el hecho de que yo pertenezco a una clase que no es la proletaria; tengo medios y, sobre todo mientras esos medios no salían de mi sudor, los he ofrecido.

En realidad, estas relaciones, que no pueden llamarse amistades sino mecenazgos, siempre tienen sus problemas, ya que el mecenas siempre espera algo más de su artista. Se dan las relaciones de poder, del mecenas tratando de obtener un plus por su dinero mediante el poder del propio dinero y del artista tratando de sacar más dinero mediante el poder de una multiplicidad de artes.

En realidad el mecenas no puede tener amigxs si no son de su clase.
Sin embargo, como figura en zona de contacto entre dos clases, ¿qué será del mecenas cuando se canse de ser solo valorado por su dinero, en el caso de lxs artistas, o de no encontrar afinidad ideológica, en el caso de sus co-clasistas, más habituadxs al dinero y a ideologías del poder?

Dicho de otra manera: ¿Será capaz nuestro mecenas de escapar a su propia trampa (de dinero heredado y de ideología contagiada)? ¿Será capaz de entablar nuevas amistades no basadas en el dinero y el engaño? ¿Será capaz de escapar a su ideología proletaria contagiada sin volverse completamente huraño y avaro?

martes, 26 de febrero de 2019

La conexión de pago a la vida

Hace tiempo nos sabíamos las canciones de nuestros grupos queridos y las cantábamos, y las que no las cantábamos con la letra, que era y es descargable de forma gratuita.

Éramos libres con el relato que se narraba entre amigxs.

Sin embargo, siempre hubo algún grupo del que tuvimos uno o dos cassettes o discos y eso nos permitió sabernos mejor las canciones... pero llegó el tiempo en que el espacio escaseó o por lo que fuera decidimos deshacernos de esos volúmenes...

Éramos esclavxs de aquello que nos daba saber...

En los 90 empezó a popularizarse Internet y la chavalada nos volvimos locxs a bajar música... entonces la lucha entre culto y cementerio de nostalgias se trasladó a nuestras compus o a las de nuestrxs viejxs...

Volvíamos a ser esclavxs de lo que nos hacía recordar...

En los últimos años viene triunfando todo lo que suponga almacenar menos y tener acceso a más títulos; el afamado streaming con servicios freemium como Spotify, Google Music y Itunes; gratuitos con anuncios como Youtube y completamente de pago como Netflix, Movistar, HBO.

Ahora pagamos por la libertad de no tener anuncios, como reza un anuncio de Spotify.

Sin duda, nos hemos vuelto individualistas y nos hemos olvidado de que lo que de verdad construía nuestro relato no era (o no solo era) tener toda la discografía de Amaral para escucharla mientras corremos solxs en el gimnasio, sino las batallas colectivas cantando esas u otras canciones de farra haciendo botellón los viernes o los sábados o esperando para un concierto, para entrar a un garito un tanto posh o en el autobús o el metro de camino a la zona de marcha...

Definitivamente, se nos ha ido la olla si vamos a pasar por pagar por ser libres.
Ojo, es como asumir una culpabilidad de antemano y una obligación de demostrar nuestra inocencia por medio del trabajo, que es de donde sale el dinero para pagar estos servicios.

¿Realmente los necesitamos?

¿Realmente necesitamos pagar por ellos?

jueves, 31 de enero de 2019

Las migas

Hoy me he tomado los probióticos que me ha mandado la naturópata. Así estaré durante al menos 6 meses.
Hoy me he acordado de ti cuando me ha entrado un antojo de migas y por suerte tenía dos paquetes en el frigo.
No las he hecho con huevo porque no me quedan.
Cómo te gustaban esas recetas apañadas con cosas ya hechas (de las decentes) y añadidos como en este caso los huevos.

Me doy cuenta de que te echo de menos y de que me siento terriblemente culpable de tu pérdida. Creo que no estuve a la altura de todo el cariño y todo el esfuerzo que me dedicaste de manera especial los años en que estaba perdido.
Nunca pensé que te fueras a morir, creí que lo teníais todo bajo control y creí que los médicos cuidaban de ti.
La enfermedad pulmonar incurable es probable que te la pegara yo y me culpo mucho por ello.
Me gustaría haber estado a la altura.
Me gustaría haber comprendido en todo momento que te podrías morir en cualquier momento.
Como cualquiera de nosotr@s.
Pero tú especialmente, con el cuerpomaltratado y diezmado por la quimio y la radio y la mente maltratada por aquel dolor de tripa que no te dejaba dormir y te tenía presa de la morfina.
Seguramente no me lo creía...
..... Y cuando pude darme cuenta, ya estábamos empezando a agruparnos en visitas cada vez más numerosas que anunciaban el presagio de muerte.

Te echo de menos. Dame alguna señal de que estás bien, allá donde estés.
Y si tienes un sello, manda una postal.

jueves, 10 de enero de 2019

Comiendo a finales de los 90 Nocilla echada a perder

Mi enfermedad «mental» y física vino años después; primero vinieron años de esconder ropa por coser en los armarios de ropa, olvidar durante meses alimentos abiertos en los armarios de la cocina y postergar durante años la renovación de las paredes o los arreglos básicos de la casa...
Algo nos pasó... y yo solo sé que el olor de aquel bote de Nocilla abierto durante cuatro meses en un verano en un armario olía igual entonces que ahora huele mi ropa cuando está muy sucia... 
Llegamos a Pozuelo en el 92 y mantuvimos la casa al detalle hasta el 97. Recuerdo que mi madre nos echaba sapos y culebras si manchábamos la pared de alrededor de los interruptores al apagar o encender la luz.
Justo a partir del 97 empezaron mis picores (recuerdo el día en que algo me picó en la cama).
Y a partir del 98 mi tía vivía, con mi abuela, a dos portales, en nuestra misma urbanización.

Clavo en la cabeza

 Como cada día enfrentó los ejercicios matutinos con la misma estoicidad que le caracterizaba desde que en verano empezase a sentir las arañ...