domingo, 11 de marzo de 2018

Somos a pesar de vosotrxs

Nos pusisteis problemas que resolver (aunque eran los vuestros, no los nuestros), nos disteis medios para resolver esos problemas (en muchas ocasiones muchos más medios que los necesarios) y sin embargo nos ocultásteis que el objetivo era vivir.

Tampoco nos enseñasteis a aprender a vivir. Como mucho, si acaso, nos inculcásteis, una vez más, vuestra forma de entender las cosas. Y vuestra manera de vivir.

Un desastre.

Así que ahora no os quejéis de que seamos imbéciles, buenistas, sincericidas o, simplemente, vuestrxs hijxs.

Solo somos, en parte, y pese a nosotrxs mismxs, vuestro producto.

Y somos nosotrxs quienes hacemos el mundo ahora o, al menos, quienes podemos o debemos hacerlo en el futuro.

Gracias, madres y padres, por hacerlo.. de aquella manera.

sábado, 10 de marzo de 2018

Internet y la WWW a medidados de los 90: cuando éramos cobayas... por amor al arte

A mediados de los 90, sobre el año 95 o 96, much*s jóvenes accedimos a la Internet por primera vez y vimos como algo normal pedir un espacio web en nuestro proveedor de acceso a Internet -nuestro ISP-, para hacer una «página personal».

¡Qué bonito! ¡Qué bellas aquellas páginas web personales atiborradas de lo peorcito de las prácticas que en aquellos años -y hoy más que nunca antes- promovían las empresas que forzaron la comercialización de Internet a principios de esos años 90.

Hacíamos nuestras webs con marquees para mostrar contenido que se movía horizontalmente y metíamos midis con bgsound. Ambas solo funcionaban con IE.

Lo que me produce muuuuucha preocupación es cómo aquello del espacio web de nuestros ISPs que pensábamos que era un valor añadido, pronto dejó de tener valor. ¿Por qué fue? Veamos, en aquellos años el acceso a Internet seguía siendo minoritario. Se había aprobado la transición de la Internet académico-científica, de la segunda época, a la Internet comercial de la tercera época, a principios de los 90. Esta Internet menos democrática y más capitalista daría como resultado un tremendo horror vacui repleto de basura, engaños y timos.

En ese escenario previo al inicio del declive de Internet como plataforma de información fidedigna nos encontrábamos algun*s jóvenes que entrábamos por primera vez a aquí con muchas ganas de crear, como si fuera la parte de atrás de la puerta del servicio.

Creábamos gratis, copiábamos códigos espagueti de aquí y de allá y desconociendo su significado y funcionamiento, los combinábamos para hacer páginas generalmente horrendas, de manera muy parecida a como ha llegado a ser la Internet actual.

En aquellos años esto lo hacíamos de gratis y por amor al arte. Aquellas empresas que querían cultuivar aquello, montaban viveros de webs como Geocities, para promover una actitud de rellenar con confeti cualquier hueco que Gopher, FTP u otras formas de entender la Internet habían dejado.

Hoy en día también se permite, como este mismo mísero blog. Antes creábamos webs para que las empresas de 10 años después utilizaran lo peor de aquello para hacernos sus fieles clientes. Ahora escribimos historias y pensamientos para que las empresas de dentro de 5 años desarrollen robots que hablen, piensen y actúen como nosotr*s; para que los análisis del discurso los hagan las empresas privadas más salvajes y en 4 o 5 años nos metan en la cárcel de manera automatizada cuando escribamos un correo o un twit inadecuado...

En fin, ¡vaya monstruo que hemos creado! ¡Y sigue creciendo!

sábado, 27 de enero de 2018

Dejar grupos: cuando ya no (nos) compensa que nos quedemos


A veces, trabajar el desastre interno también implica cortar participaciones en grupos que nos reclaman demasiado tiempo (no compensan; siempre deben compensar) o en los que (¿ya?) no podemos aportar (¿más?). Es una muestra de salud saber mantener el flujo de comunicación que seremos capaces de soportar, de manera que:
a) Nos lleve un tiempo que no nos anule/aliene;
b) Nos suponga una carga emocional adecuada a nosotras;
c) Nos permita aportar o, al menos, estar al tanto de un grupo al que partenecemos también en persona;
c) Nos devuelva de igual manera que aportamos.



El desastre interior y quedar bien

A

Es un desastre pero queda bien, aunque el desastre se quede ahí, aunque no mejore. Queda bien y cuenta con amigxs a costa de manejar un caos interno que en ocasiones es demasiado grande.

B

Es desastroso y no siempre queda bien; de hecho, cada vez queda peor. Sin embargo, trabaja su desastre interior como una prioridad porque sabe que aunque ahora quede mal, cuando lo termine de resolver podrá quedar bien y estar tranquilo. De hecho, sabe que quien le comprenda entenderá que se dedique a su estabilidad.

Porque arreglar el desastre interno es estabilidad.

Estabilidad para unx mismx.

Estabilidad para los grupos.

Estabilidad para los grupos en los que participamos, de los que formamos parte.

viernes, 26 de enero de 2018

Follar

Tirarse al follaje.
Tirarse sobre el follaje.
Tirarse a follar en el follaje.
Relativo al follaje.

miércoles, 24 de enero de 2018

La Odisea

La posibilidad de que las epopeyas griegas no consten de un tiempo lineal argumental, de manera que, por ejemplo, al inicio se constate lo que terminó sucediendo, seguida de un relato lineal y un final, generalmente con epílogo (consencuencias, efemérides relacionadas).

La marca entre partes podría venir dada por una medida fija (de versos) y no por una marca específica en formato gráfico o lingüístico.

De esta manera, la tradición literaria en la antigua Grecia podría haber constado no solo de géneros y cánones en cuanto a los motivos y los tiempos verbales sino, además, haber incluido prácticas populares, concursos y competencia antes certámenes y premios que motivaran un exquisito arte de la «narración» de historias ateniéndose a otros motivos; que cupieran en métricas fijas, lo que fomentara trucos y licencias con el uso.

El juego social a través del Arte.
El Arte en la socialización de la polis.

Clavo en la cabeza

 Como cada día enfrentó los ejercicios matutinos con la misma estoicidad que le caracterizaba desde que en verano empezase a sentir las arañ...