jueves, 31 de octubre de 2024

Clavo en la cabeza

 Como cada día enfrentó los ejercicios matutinos con la misma estoicidad que le caracterizaba desde que en verano empezase a sentir las arañas en la cabeza. Levantarse, apagar las alarmas, empezar a sentir el «clavo en la cabeza», con su dolor, su hinchazón, su presión, su sensación de cuerpo extraño y las neuropatías agarrándole nariz y mofletes como si le estuvieran retorciendo cables encima y alrededor de la cara.

El desayuno solía llegar sin demasiado síntoma y no era hasta el primer cigarrillo cuando empezaba a sentir todo el conglomerado en la cabeza.

Las mañanas solían pasar bien, porque solía tener cosas que hacer con su padre, al que tanto quería y del que tanto temía alejarse o que se encontrase peor de su presentida vejez.

La comida no solía ir mal, porque a menudo comía con su padre o con su hermana y cuñados y, aunque había decidido renunciar a los tápers de comida «casera» a domicilio, los días que tenía que comer en casa eran casi los mejores por aquello de comer menos y con menos ansia.

El ansia, el ansia por estar siempre en un lugar entre no elegido y entre equivocado, o al menos nocivo para su bienestar. El ansia que le hacía comer rápido, en ocasiones tan rápido que ganaba a su padre, el eterno «tragaldabas» de la familia. Juntos habían ido conquistando una especie de juicio comedido hacia la comida y sus excesos, aunque había días que se lo saltaban a la torera y luego él no podía parar de ir al baño a cagar una y otra vez líquido y «a chorro».

Era en las tardes donde se concentraba todo aquel sentimiento complejo y complejizante cargado de anhelos por todos los amigos perdidos de aquel u otro colegio, de aquella u otra universidad, que si el erasmus, que si la academia del CCNA...

Lo cierto es que lo pasaba mal. Porque el peso de la pérdida, de las muchas pérdidas a su juicio irreparables, cargaba tanto la balanza que se borraba por inasumible la posibilidad de conocer a alguien, de tener un nuevo grupo de amigos, de conocer a alguien para poco o para toda la vida, de tener hijos y no encontrarse solo en el mundo......

Aquella balanza estaba tan desequilibrada, y las pérdidas pesaban tanto....

Sin embargo, lo que a menudo se escondía a sí mismo es que no podían haber sido tantas las pérdidas, ni de tanto calado, si una gran mayoría de amigos «perdidos» nunca le habían llamado y si el tiempo de amistad había sido quizá forzado por una actitud demasiado peleona por su parte, venga a llamar y venga a hacer acomodo de fuerzas para cuadrar planes que a menudo ni le iban ni le venían o directamente le encajaban a todas luces mal, como trasnochar una noche lluviosa en un antro de sesión reggae a la que el apelativo musical le venia grande.

Era cierto, en realidad la cuestión era aún peor. Se había esforzado por encajar con gentes que poco tenían que ver con él, con sus poses musicales forzadas, sus aficiones por los porros o el CBD (como si fuera menos dañino para una persona como él) y su tendencia siempre a barrer para casa y la última «en mi barrio» (en el de ellos).

Podía decirse que la situación no era mucho mejor con los pocos amigos que conservaba. A su propio juicio, quizá solo una amistad se basaba en no agradar sino ser auténticos. Ella, su amiga, siempre había sido muy crítica hacia él y hacia su aceptación sin más de la enfermedad mental, su tendencia a preferir pagar a pelear las cosas y su preferencia derrotista por el trabajo asalariado frente a una vida a los ojos de él difícil como artista clown.

Necesitaba con urgencia cerrar etapas, aceptar que todo aquello había pasado y elaborar un plan para encarar el futuro.

jueves, 4 de abril de 2024

Tech: Cosas que hacerle a una página web que mantienes (institucional o muy grande i tot allò)

 Cosas que le puedes hacer:

  • Estandarizar los colores

 

  • Homogeneizar las fuentes
    • Una para el contenido
    • Otra para los enlaces (y así te evitas tener que subrayarlos en reposo)
    • Otra más para los menús

 

  • Estabilizar los permalinks (enlaces permanentes, por ejemplo en wordpress) para que todo esté en su sitio y sea fácil navegar

 

  • Diferenciar entre tema de escritorio y tema para móvil

 

    • En el tema de escritorio:
      • Algunos menús irán a la izquierda del contenido
      • Mediante css media only px tal tal consigues que los paddings y margins se apliquen solo a escritorio
      • El menú bonito de arriba es interactivo al pasar el ratón

 

    • En el tema móvil:
      • Todos los menús salvo el principal tienden a ir después del contenido
      • Mediante css media only px (inferior a) consigues ajustar algunas cosas que el tema base
      • El menú bonito de arriba (principal) es estático, generalmente (en mi caso) desplegado, de otros colores y con menos florituras como animaciones al pasar el ratón (aunque para gustos los colores)

 

    • Siempre habrá un tema base que toquetearás en los dos supuestos anteriores.
      • El punto de corte debe ser fluido (si cortas en escritorio >883px, en móvil será <884px)

 

  • Mediante Elements (GeneratePress, es el tema que lleva la web), PageList (plugin) y modificando las opciones de visualización de cada página (Seleccionar: Dos barras literales; sí, «literales» y no «laterales»), se puede hacer que cada sección tenga una bonita barra lateral izquierda con las páginas que la componen que se muestre en todas ellas, haciendo más fácil al visitante saber dónde se encuentra y lo que hay sin intentarlo tanto clicando el menú principal

 

  • Colocar visores PDF en cada página que tenga un enlace a uno. Pero ojo, dejando el enlace sobre el visor para que no quede como un enlace oculto.
  • En cuanto a documentos del centro, emplear el mismo visor pero con las opciones de selección y copia desactivadas.

Y queda una web tan bonita como esta:

https://www.colegiosanfermin.es

jueves, 11 de agosto de 2022

Desubicado buscando una huida

 Voy caminando Castellana abajo salida del trabajo a pesar de que sé que es un barrio por el que parece que no soy bien recibido.

Altos vuelos.

Durante años he creído que yo era una mierda pinchada en un palo y que si algo me impedía retomar el contacto con mis compañeros del colegio de cuando era pequeño era la distancia en desarrollo que nos separaba.

El nuevo trabajo como administrativo, aunque a priori dudo para mi costumbre de batalla, se me está dando cada vez mejor.. Incluso consigo que nuestras herramientas en red de trabajo me hagan caso, aunque me estoy dejando los brazos.

 

A pesar de llevar 5 años viviendo en el sur y de que parece que llevo viviendo más de 20 años desde el sur (aunque en un tiempo viviera en el noroeste de Madrid), decido aventurarme por la Castellana abajo y pasar con mi bolsa de la comida junto a grandes y securizadas instituciones aún a riesgo de que algún alma ávida de reafirmarse me eche de un puntapié o de un balonazo a la calzada..


Mi hermana se mofa de mí cuando le cuento que llevo la última semana cartografiando y en cierto modo viviendo el barrio donde trabajo.. Sé que se esperaba que estuviera cartografiando mi barrio de vivir, donde vivo desde hace algo más de un año. 

Lo cierto es que mi barrio de vivir quizá me dé aún más miedo.

Sé que hasta que no haga mío el espacio donde vivo todas las tardes y los fines de semana serán recurrentes las huidas físicas o figuradas hacia las afueras de Madrid o hacia la montaña, la playa, la evasión de este medio físico en el que antes trataba de ganarme un respecto y ahora, entendidas de otra manera algunas cosas, trato de ser comprendido, de comprender y de participar salvando unas diferencias que, visto desde mi ahora, son solo maneras de vivir e ir completando etapas.

El caso es que consigo llegar a la estación de tren gracias a la cooperativa que se extiende entre la población, por las calles, incluso en el norte, pero cuando estoy en ese tramo aciago entre Nuevos Ministerios y Sol y la cobertura de móvil es un bien preciado reservado solamente a manos hábiles, a veces tengo que escuchar música descargada en el móvil a tal efecto abriendo el vlc, que es un must en la mochila de toda nómada digital.

Canciones: Piel de Pantera (Javier Álvarez) - Buscando una Luna (Extremoduro)

domingo, 19 de septiembre de 2021

La herida

Me doy cuenta de lo inculto que soy y eso me abre una herida. 

La herida. 

O más bien me hace consciente de que esa herida siempre estuvo allí. 

Quizás la vida sea esa vida con esa herida y ser capaces de caminar a pesar de ella, de ese corazón quizá siempre herido.

Pero me rebelo, porque a pesar de mi herida, de esa herida que me da tanta vergüenza, sé que algún día, próximo quizá, daré con mis huesos en la mar.

Quizá para viajar a otras tierras, o a otros entenderes.

Me siento extranjero en mi tierra, si es que hay alguna tierra que sea mía.

Pero esa humildad con que se lleva la herida, es comparable a rejuvenecer y ser de nuevo un niño.

Solo me apena ser un niño de nuevo y no tener con quién compartir esta alegría de vivir, esos aprendizajes y esos descubrimientos.

Me siento acompañado, pero me siento solo. Tengo voces a mi alrededor pero la tarea es ahora mía.

La tarea, la vergüenza, la herida. Es vista por todos, pero solo uno mismo la sufre, la nota.

En esta parte del viaje quizá reclamo más que nunca una mano.

Pero desconfío de cualquier mano y la aparto.

O no sé qué hacer con una mano si lo que necesito es un paño con que curar mi herida vieja.

¿Acaso hallaré un paño, un aliento... un traductor?

Lo cierto es que entiendo poco, muy poco, y sin embargo mi cabeza parece en una primavera adolescente de que la que no consigo salir.

Lo que fui, lo que entendí que esperaban de mí, las promesas que dejé rotas junto a una mesa porque no quise conformarme con ser lo que se esperaba de mí.

Ahora, que nadie espera nada de nadie, ni siquiera de mí, me pregunto qué espero yo de mí mismo y qué estoy dispuesto a alcanzar para encontrar la cura de este corazón herido... que no para... de amarte.

martes, 31 de agosto de 2021

Rebelde sin causa entonces pero todo va llegando ahora

Entendía lo que me decían pero hacía claramente otra cosa, era porque me sentía fuera y, orgulloso como era, no habría aceptado que me guiaran.

Ahora han pasado los años y, aunque no confío ciegamente en el concepto de fluir, siento que algo bueno me espera si confío al menos en eso.

La delgada línea, la fina cuerda y la elástica goma.

Todo va a llegar.

Todo está llegando.

sábado, 17 de abril de 2021

Calma sin pausa

Necesito parar, dejar de tomar decisiones.

Como Kara Thrace cuando necesita que la flota deje de saltar de sistema estelar en sistema estelar para no perder el rastro de su intuición.

A menudo ocurre que las cosas cambian demasiado rápido y no da tiempo a escucharse para saber realmente lo que queremos.

Tomar decisiones en medio de un viaje a hipervelocidad.


Y, sin embargo, el mundo viaja a esa hipervelocidad.

La vida sigue y, si decides tomar un descanso en un apartadero y observar las vistas, al cabo tienes que tomar atajos para alcanzar a tu grupo o sistema de referencia.

A veces los atajos no son buena idea.

A veces pesan en tu expediente.

A veces pesan en tu conciencia.

A veces, simplemente, llegas desreferenciado, o envejecido, como se vuelve de haber atravesado un agujero negro o de haber viajado a velocidad superlumínica.

A veces llegas hecho un adefesio o te sientes un adefesio.

A veces no llegas y tomas a otros como tu sistema de referencia,

A veces no sabes si has encontrado a tu gente y, a riesgo de que te internen por pedir una prueba de ADN, te callas, te callas mucho, y pretendes que son ellos, que has tenido suerte por enésima vez,


¡Ay! Esta costumbre por los apartaditos.

¡Ay! Esa necesidad de buscar la paz para tomar las decisiones.


¿Cuándo alcanzaremos esa velocidad que nos permita el tan ansiado Calma-sin-pausa?

¿Cuándo?


--

Escrito plasmado en escucha de las siguientes canciones:

La hora del timbre (Serrat)
Una vieja canción (Serrat)
Me gusta todo de ti (pero tú no) (Serrat)
Buenos tiempos (Serrat)

miércoles, 3 de marzo de 2021

Fantasmas / Mis obsesiones me permiten alcanzar esos objetos

Bueno, alguna vez igual os ha pasado. Queréis pensar en algo y os viene a la cabeza un fantasma que se apropia del pensamiento.

En mi caso me ocurre con varias cosas:

- A la hora de pensarme/sentirme/entenderme en el mundo, es habitual que piense por ejemplo que mis compañeros de trabajo consideran que soy como esa gente de la que trato de zafarme e incluso que lo piensan porque saben que en el fondo soy como ellos.

En resumen: Sentimiento de culpa

- Si me estoy masturbando y veo porno, a veces no puedo evitar acordarme de un amigo que tuve que era medio proxeneta. En medio de la paja. No puedo evitar que se eche a perder ese momento de hedonismo. Me lo imagino ahí dando órdenes a su cuidada, que pasa a ser la del vídeo. Si ya ver algo tan denigrante me supone reparos, el hecho de que últimamente se me venga a la mente el proto-fantasma de Andrés dándole órdenes a mi objeto de placer cosificado me arruina la existencia.

En resumen: Sentimiento de culpa


A lo largo de mi vida mucho me he jactado de ser anarquista, librepensador, intelectual... 

No soy nada de eso, ya no oso.

Sin embargo, últimamente me doy cuenta de que tengo varios complejos que no había identificado en estos años:

1) acuso al mundo de cuñadismo cuando yo soy el primero (mi padre también). estamos en proceso de superar el cuñadismo pero de momento es lo que somos y tenemos que aceptarlo para ir con más cuidado por ahí

2) acuso al mundo de ser profundamente puritano sin haberme parado a pensar cuáles son las resortes, mecanismos y causas que configuran ese puritanismo; solo últimamente cuando me doy cuenta de que tengo fantasmas en la cabeza puedo entender que quizá el mundo no lo es tanto como yo pienso y que tengo trabajo en casa, y en realidad todo esto me reconcilia un poco con el mundo

En resumen:

1) ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro


Además, me estoy dando cuenta de que cuando pasas por una época en que dedicas gran parte de tu tiempo a un solo aspecto de tu vida, es fácil descuidar los demás.

Mirando en perspectiva, hace algo más de un año, en enero de 2020, estaba completamente destrozado por el ritmo de vida y no había día que pidiera al mundo parar. No me jacto del hecho global de la pandemia, pero en marzo de 2020 agradecí a los dioses, a dios y al cielo que hubiésemos parado.

Gracias a que no se podía salir recuperé el gusto por el deporte. Más tarde, gracias a que solo se podía salir a comprar o a hacer deporte por las tardes, me volví un amateur de caminata diaria de 10 km.

Además, por haberme hallado cándida en el esputo en una prueba de febrero, allá por abril de 2020 decidí dejar de comer hidratos y azúcares, con lo cual solo comía: carne (magra), pescado (magro), verdura y huevo.

Aunque seguía el régimen bastante a rajatabla, siempre tenía mi refresco de cola cero cero de las tardes y mi recompensa tras la caminata en forma pecadillo choricil.

En diciembre de 2020 decidí volver a comer un poco de todo.

Desde el 8 de enero de 2020, con la nevada que trajo Filomena, incorporé el aceite de orégano ingerido a mi vida y las cosas volvieron a mejorar.

Sin embargo, ahora que ando haciéndome las pruebas de intolerancia al gluten, hongos en las manos y ETS, he aprovechado estas semanas para hacer un prueba-y-error bastante riguroso con la comida rápida y la leche.

Con mucho dolor para mi superviviencia en un mundo culinario de guerrilla (léase, la calle, que vas con prisa) copado por el pan, los bollos y los platos ultraprocesados que contienen tanto gluten como leche, he tenido que dejar de comer tanto uno como la otra.

Sí, amigos, ahora resulta que una cosa que le hace mucho daño a mi estómago es el pan, los bollos, la leche, las comidas ultraprocesadas, el colacao, la carne empanada, comer fuera en casi cualquier sitio...

Y no os hablo de los precios. Como tengas que comprar habitualmente pan de molde para celíacos, prepara un presupuesto de 6-9 euros a la semana por persona solo en pan.

Seguro que entre los lectores habrá quien piense que un celíaco debería bastarse con evitar aquello que contiene gluten y que en último término comprar o incluso fabricar «equivalentes» sin gluten de productos tradicionalmente con gluten es un lujo.

Puede que sí.

Y sin embargo, os invito a realizar este ejercicio mental:

Imaginad por un momento que tenéis intolerancia al gluten

No podréis comer:
- rebozados
- bechamel
- pastas
- palitos de cangrejo
- embutidos
- adobados
- frutos secos tostados
- Cerveza
- pan en ninguna de sus formas
- pasteles de ningún tipo (olvidaos de entrar siquiera a una pastelería o a una panadería al uso)
- Si coméis fuera, cremas, salsas o guisos sin preguntar concienzudamente antes
- Harina (ni como espesante)
- pastillas de caldo...

Como todo, esto es solo un ejercicio y hay muchas salvedades a todo lo anterior.

Además, no conviene obsesionarse.

Y hete aquí la segunda parte del post: Si te obsesionas por algo pierdes la manera de conseguir ese algo

Dicho de otra manera, si me obsesiono con algo establezco una relación estatizante que tiende a separarme de ese algo.

 

 

No olvidéis dormir todo lo que podáis, incluso cuando sea por el día.
Y un poquito de ejercicio para activar el cuerpo y obligar a esa máquina a veces vaga a respetar patrones de funcionamiento aceptables (dormir por la noche, comer al menos tres veces al día, ...).

 

Buena caza ;)

lunes, 1 de marzo de 2021

Límites /gente tóxica / gente tonta / estar solo no es soledad /recuerdos y recursos para dibujar un futuro

1. Límites

Llevo años pensando mis límites, ya era hora de ponerlos en práctica.

2. Gente tóxica

Durante mucho tiempo estuve con gente tóxica, como amigos, como siervos, como superiores que se reían de mí...

De pronto un día comprendí que no pertenecía a aquella gente.
Decidí aplicar mis límites forjados durante años de sufrimiento, indiferencia y pavor.

Fue simple. Con una conversación bastó para cerciorarme de que aquellas personas no podían pertenecer a mi universo cotidiano.

3. Gente tonta

Aquí tuve algo más de dificultad, porque la relación «tonta» estaba empezando a ponerse «tóxica» por momentos.

Una amiga de hacía años había empezado a tratarme como si fuera tonto con cualquier cosa que yo decía hasta el punto de que ya no me llamaba cuando quedaba con amigos comunes. Sin embargo, me llamaba cuando estaba triste (muy triste), sola (se sentía muy sola) o con la regla (nadie quería venir a su casa).

Fue bastante más difícil deshacerme de esta relación. De hecho, fue ella quien la terminó. 

Llevaba días alternando entre llamarme cerca de la hora de toque de queda para planes absurdos en el centro y que la llamara yo a mediodía o primera tarde y me dijera que quería estar sola limpiando o echándose arcilla en la casa porque necesitaba centrarse.

No quiso que nos viésemos por la mañana y por la tarde me llamó insistentemente para decirme que tenía problemas musculares en la espalda y que estaba asustada. Me ofrecí a llevarla a urgencias pero dijo que ella no creía en la medicina convencional y que no iría a urgencias. Sin embargo, me dijo que fuera a consolarla por su desdicha. Rechacé la oferta alegando compromisos familiares. Tres horas más tarde me dijo que ya había encontrado a alguien (sic) y me echó en cara por mensaje que la había fallado cuando ella siempre estaba a mi lado (sic) y que no quería volver a hablar conmigo nunca más.

Mano de santo. Ella me bloqueó y a los pocos días yo también la bloqueé y archivé su chat para no verlo por en medio.

5. Estar solo no es soledad

Estar solo de una manera elegida no es soledad.

Soledad es aquella situación en que te sientes sin compañía, aislado, carente de referentes y para la que no encuentras una salida, una vía de escape o una línea de fuga.

6. Recuerdos y recursos para dibujar un futuro

Ahora me encuentro recordando de nuevo.

Ahora sé que no recuerdo solo con nostalgia. También recuerdo (lo he hecho siempre) para recordar que me gusta, aquellas cosas que me identifican y definen mi personalidad.

En realidad, estoy escogiendo los motivos, los materiales y las vivencias que me van a permitir dibujar mi futuro.

Y aquí andamos.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Sensaciones actuales - primera sensación: la familia ha cambiado

 Durante muchos años estuve en una especie de burbuja que hizo que no me enterara realmente de lo que estaba pasando; no lloré la muerte de mi abuelo Enrique, no lloré la muerte de mi tío Juan, ni la muerte de mi tía Mari, ni la de mi tía Luisa, mi abuela Lucía, mi tía Carmen. Tampoco lloré la muerte de mi madre; únicamente un grito mudo.

Sé que en algún lugar están esperándome, quizás velando por mí.
Les echo muchísimo de menos.


Es normal.

Todo este proceso con el aceite de orégano y el ajo ingeridos y el aceite de árbol de té en la piel está deshaciendo muchos nudos en mi interior y me está haciendo viajar hacia atrás en el tiempo. 

Hace una semana experimentaba dolores y mejoría en esta zona del cuerpo y recordaba la UAM. 

Hace 3 días me dolía el cuello profundo y se empezaba a deshacer la Gran Contractura y recordaba los años de Instituto. 

Hoy me duelen las piernas y la espalda y sé que están curando y que se irán pasando los dolores, y me acuerdo de cuando mi tía Ana (que por suerte aún vive y comanda con mucho trabajo la familia Martín Béjar y el Colegio San Fermín), en unos reyes, me regaló la trilogía de La Guerra de las Galaxias, que por aquel entonces eran 3 y solo 3 las películas que la integraban. Debía de ser el año 91 o 92.
Recuerdo esos reyes en su casa, sus dos salones, y recuerdo a toda la familia que entonces estaba más unida y nos reuníamos allí. Quizás entonces éramos más cristianos que ahora, pero también hacíamos de las celebraciones religiosas nuestro particular motivo de encuentro y celebración de lo que éramos y lo que queríamos demostrar.
Recuerdo que los más pequeños hacíamos demostraciones de nuestras destrezas.
M
i prima Ruth siempre bailaba danza y nos obsequiaba con una demostración de ballet que siempre se llevaba alguna foto, que por entonces no eran numerosas como lo son ahora. También mi prima Noemi recuerdo que hacía alguna muestra, pero aún no logro visualizar el qué.

Ya saldrá, tranquilo.


Son muchos cambios en poco tiempo.


En apenas un mes has pasado de una discapacidad absoluta casi garantizada a ser capaz de «pluses» como hacía décadas que no atisbabas a lograr:

  • Terminar por fin con Cano y Camino
  • Empezar a cerrar una etapa
  • Empezar a prepararte mentalmente para la nueva etapa: qué haré a partir de octubre cuando acabe la aventura en Medialab-Prado
  • Vislumbrar un futuro para la familia y alentarlo: por fin, cuidados
  • Imaginar también cómo quiero que sea mi futuro en cuanto a amigxs y pareja: todo un reto

 

Ahora más que nunca hay que proteger lo que somos y lo que queremos ser «como una trinchera».
Hay motivo para la alegría.
Solo tenemos que mantener viva la llama y soñar de una vez.

martes, 9 de febrero de 2021

Historia familiar alternativa

Contexto

Muchas -a mi gusto- son las muertes que acumula mi familia en los últimos años.

Primero murió mi abuelo paterno, el abuelo Enrique, creo que en 1998, oficialmente de una trombosis en el lado izquierdo de su cuerpo.

Después vendría su mujer, mi abuela materna, la abuela Paula, creo que en 2002.

Por el lado de la familia de mi madre, las muertes han sido especialmente sentidas, ya que era muy poco numerosa y éstas han mermado de tal manera la propia familia que ahora solo quedamos 3 personas: mi tío Fernando, mi hermana y yo.

Por este lado, la primera en morir fue mi tía Luisa, la compañera de mi tío Fernando, de un cáncer terminal que se la llevó en 15 días.

Después fue mi abuela materna, la abuela Lucía, que primero experimentó un gran empeoramiento en su proceso natural de envejecimiento, por lo que la familia decidimos llevarla a una residencia, ya que dejó de valerse completamente por sí misma; se hacía caca encima, dejó de conocer... finalmente murió con (y no «de») una demencia senil avanzada (aunque quizá sí que fue la causa).

Después murió mi tía materna, la hermana de mi madre, la tía Carmen. Tras un periodo de empeoramiento en cierto modo parecido al de su madre, mi propia madre, con mucha tristeza, decidió llevarla a una residencia, esta vez de mejor calidad. Luchó mucho por ella, para conseguir los derechos de la ley de dependencia (lo consiguió por los pelos, y solo una residencia mejor a cambio de prácticamente toda su pensión, con lo que mis padres asumieron los gastos extra de su bolsillo).
Ella murió de, creemos, cáncer de pulmón, aunque no se le pudieron practicar ni las punciones pulmonares para analizar manchas muy sospechosas aparecidas en radiografía de tórax, dado su avanzado estado de envejecimiento en aquel momento.
Recuerdo que luchamos mucho contra otra afección que sufría; una distonía focal en el cuello que le hacía tener la cabeza de lado.

Después... después le tocó a mi madre. En 2013-14 empezó a experimentar algunos síntomas, como acampanamiento de los dedos, que poco después un reumatólogo identificó como posibles síntomas de cáncer, diagnóstico confirmado con varias radiografías de tórax y concretado en un cáncer que se extendía por todo su pulmón izquierdo y alrededor de la aorta.
Fue operada en 2015 y, como suele ocurrir, salió con dosis altas de opiáceos para el dolor, un envejecimiento de unos 20 años de golpe y un gran dolor de tripa que siempre, al menos a mí, nos intrigó, ya que los médicos no sabían a qué podía deberse.
Mi padre, una persona fuera de lo común, la acompañó día y noche en cada ingreso en el hospital, que fueron numerosos y en aumento, hasta que en la navidad de 2016, el día de Nochebuena, mientras cenábamos a su lado, se nos fue.


Esta pretende ser, aún a riesgo de parecer que no lo he superado (quizá es verdad que no lo he superado; son muchas muertes de personas muy muy queridas)...

Esta pretende ser una versión alternativa, una recreación de lo que podría haber sido y no fue.

La llevo a cabo porque quiero, porque en mi imaginario estas personas fueron justo las que menos se merecían morir, al menos para quienes nos quedamos aquí en el mundo de las personas vivas y las echamos a faltar cada día.

Como decía mi madre, Luisa Jimeno Simarro:

«Siempre se mueren los mejores»

«Lo peor es para quienes se quedan»


Este pretende ser un homenaje a la memoria, una memoria que el tiempo se lleva y solo las fotos y algunos momentos entrañables de reencuentro familiar logran resucitar fugazmente.


Relato

(Por hacer :)


domingo, 28 de junio de 2020

Carta a mi hermana y a mi padre

Ahora solo os quiero contar qué es de mi vida, ya que tanto (tan poco) os interesa:

Estoy tratando de reducir mi número de amistades al máximo para centrarme en poquito. Esto que voy a decir es una coña, pero igual por ser géminis y ser un signo de agua o igual, y esto lo digo más en serio, porque siempre he sido un errante buscando algo de calor, me he dado durante años a generar más y más conexiones, puntes, lianas, cables, lo que fuera con tal de estar conectado a otras personas.

Se podría pensar que tenía una actitud bastante pasiva: engancho con mucha gente y, al estilo facebook, espero cotillear sus vidas para tomar ideas y, eventualmente, juntarme con aquellas personas que hagan cosas más parecidas a las que me apetece. Un enfoque fallido, fallido.

Así que ahora estoy borrando a la mayoría de personas que tengo en redes (facebook, sobre todo) con las que llevo mucho tiempo sin interaccionar, bien sea porque no las conozco (tenía unas cuantas) como personas con las que se haya enfriado la relación hasta el punto de romperse, con facebook como única unión, artificial.

También tengo pensado borrar contactos del teléfono con el mismo criterio. Sí, mami, papi, haré backup por si me arrepiento. Pero estoy tratando de ser consecuente con hacer una vida más ACTIVA y eso implica ocuparme de menos cosas, aunque suene contradictorio.

En cuanto al sueño: me suelo levantar prontito, 8 o 9; algún día a las 7 si tengo cosas que hacer y algún sábado o domingo a las 10 u 11... trabajos en curso.

Sobre la alimentación y el peso: Hago esta dieta porque me sienta bien. Cuando no como hidratos no me duelen la vejiga ni la próstata y la frecuencia de orinar es mucho menor. Además, me permite ganar músculo con mayor facilidad y estar menor hinchado, con lo que voy cumpliendo mi objetivo de estar más en forma. Si eventualmente pierdo peso entiendo que es normal. Una persona ACTIVA tiene un IMC entre 18 y 21. Por otro lado, el IMC es un índice obsoleto hace años Los criterios para la salud metabólica hoy en día se basan en metabolismo basal (número de calorías), grasa total, grasa visceral, etc.

A este respecto, sí quiero bajar de volumen corporal en general porque me gustan las piernas y los brazos más finos, aunque con más músculo. Antes de criticarme porque haya perdido peso os agradezco que os informéis y que os intereséis por mi salud de una forma menos superficial, aunque os agradezco la preocupación.

Sobre el deporte-ejercicio-gimnasia: Trato de hacer un mínimo de 15 minutos de cardio en casa cada día. Cuando puedo, añado otros 10-15 minutos de core (tronco: zona abdominal y espalda baja) y, si me da tiempo, hago estiramientos antes y después y algo de yoga.

No considero que esté ni vigoréxico ni nada por el estilo, aunque es cierto que es un cambio importante el que le estoy dando a mi vida. Puede parecer súbito pero súbito es también el dejar de fumar de un día para otro y sin embargo es algo que todavía no me atrevo a acometer.

En cuanto al trabajo: Hago lo que puedo. Mis funciones no están del todo claro, hay una visible falta de recursos para formarnos y hacernos seguimiento y creo que estoy haciendo todo lo que yo soy capaz aquí y ahora y además sé que estoy aprendiendo muchísimo sobre relaciones laborales, ritmos, compromisos y sobre cómo sobrevivir sin pisar a nadie.

Es cierto, llevo unos años pensando en apartarme del proyecto guifi.net y cada vez lo veo más claro. En Madrid no hay gente interesada y todo cuesta mucho. La gente lo quiere todo hecho y no colabora lo más mínimo. La coordinación está ya muerta y la comunidad que ha solido venir a las actividades adopta unos roles cada vez más pasivos o clientelares.

En fin, trato de salir adelante quitándome la mierda de las relaciones tóxicas heredadas de una época en que construía todo por oposición y odio a mi familia y un entorno laboral que lleva ya unos años agotado.

A ver si me meto en una cooperativa con un proyecto bonito y dejo otras cosas para simplificar mi vida, que lo necesito de verdad.

Besos.

Carta a una hermana

Supongo que no ha sido fácil tener un hermano con tantos problemas emocionales. Mucho menos, colgarme el cartel de bipolar para normalizar a vuestra manera mis emociones durante años.

Sé que te has encargado de mí muchos años.

Sé que te he fallado unas cuantas cuantas veces.

Se dice que la familia siempre sigue ahí, o al menos tratamos de creer que la nuestra es así.

Pero la verdad es que nuestra relación hace tiempo que se degradó.

Está aquella época en que te independizaste de casa de tus padres y en la que te echaba tanto en falta. Está claro, yo era MUY dependiente emocionalmente. No lo niego, no quiero quiero ser un búnker de barro chapado de hormigón, ni un gigante con pies de barrio.

Años después me colé en tu vida, en tu casa, allí en Villaverde, y algo salió mal. No supe gestionar mis emociones y traté mal a tus amigas y a ti. Estaba sufriendo por muchas cosas, supongo que es lo normal sobre todo a esa edad, pero me cerré y os alejasteis.

Años después empezamos un poco de nuevo... pero ya estaba mi depresión y no sé, creo que eso sirvió para normalizar vuestro sufrimiento sabiendo que había algo con nombre y apellidos de lo que se podrían encargar otros. Nunca recibí ni advertencias por lo que supondrían los antidepresivos ni una preparación para hacerme cargo. Ni de médicos, pero ellos ya sabemos cómo funcionan, ni de familia, en la que yo confiaba muchísimo. No estuvisteis a mi lado.

Cuando se da la crisis del trastorno bipolar en el verano de 2011 se venía presentando una degradación importante de mis relaciones. No sabía si dejar ya de lado a todo el mundo del instituto con quien mantenía contacto (la mayoría de relaciones eran abiertamente tóxicas, al menos para mí). Acababa una carrera que me había defraudado («como a todo el mundo» me decíais, pero eso no apaciguaba mi dolor) y sentía que quedaba liberado y que podía empezar a llevar a cabo cambios.

Después de 7 años de antidepresivos que no me ayudaron mucho decidí dejarlos. Estaba harto y necesitaba empezar a tomar el control de mi vida. Fue una decisión sin criterio a la que sumé dejar de fumar por completo de un día para otro durante todo el mes de agosto.

Lo que os pude decir aquella noche en tu casa a vosotros tres era una acumulación de cuidados no recibidos durante años y una falta de guía familiar brutal por vuestra parte. No comparto lo que dije pero me gustaría remarcar que esperaba un trato más profundo desde que os conozco.

Siempre me he sentido un bicho raro a vuestro lado y casi nunca he encontrado consuelo. Sé que siempre me habéis visto como el niño tremendamente activo, el niño hiperactivo, el adolescente perdido, el adulto agresivo...

Ahora soy el importante, el pijo, el snob, el que se mira el ombligo... Pero los cuidados siempre me los he tenido que buscar fuera de casa.

He sido un hipocondríaco hasta la médula. Tenía dolores que venían del alma.

O no, como demuestran mis 2 protrusiones cervicales y mi hernia discal lumbar.

Pero lo que se estila en esta familia no es comprender; o se banaliza haciendo generalizaciones («yo también tengo, es que te quejas mucho») o se contemporiza («es que no te cuidas»). Joder, si estáis mal, vamos a cuidarnos juntxs. Y si percibís que no me cuido, os agradecería que me deis vuestra visión de cómo debería hacerlo; igual puedo aprender cosas e incorporarlas a mis rutinas.

En fin, después de lo de hoy me parece que se ha levantado un muro no sé si insalvable pero sí bastante grande. Un muro de incomprensión y de falta de respeto.

Quizá algún día podamos hablar pero hoy me siento herido y ya he tenido demasiado.

Hablamos.

Carta a un padre

Puede que nunca te hayas parado a pensar que soy una persona que ha sufrido mucho. Claro, no me ha faltado de nada... material. Sí me han faltado muchas otras cosas.

A lo largo de mi vida he dado muestras constantes de que algo no iba bien, con rabia, agresividad, cerrazón, simpatía por las malas compañías, excitabilidad...

Realmente, para una persona que tenga dos o cuatro dedos de frente, esto habrían constituido síntomas de un proceso de sufrimiento; esa persona habría sabido ver el problema de fondo, aceptarlo y ayudar a calmar y curar.

Por tu parte he recibido muchas muestras de... permisividad y posterior super-protección, rayando en lo enfermizo, para protegerme de mí mismo... como si fuera un enfermo al que hay que contener por su propio bien.

En realidad, esa manera de tratar el sufimiento, al no tratar de *curar* sino de *proteger* a mí de mí mismo y al entorno de mí mismo, lo que ha generado es la enfermedad clínica propiamente dicha.

Mi conflicto no ha estado en primer término con el colegio o con los amigos.

Mi conflicto ha estado y está situado en relación con la familia.

Si un niño de 8 años, claramente perdido, con las crisis propias de su edad y las de su inteligencia diferente, decide cambiarse de grupo de clase y pierde así a los amigos con los que convivía prácticamente todo el día desde los 3-4 años y empieza a experimentar inestabilidad emocional, lo razonable (incluso en sentimientos y emociones) es pensar que esa decisión ha tenido que ver. Lo que no es normal es aceptar el hecho como algo normal y, mucho menos, como algo que no tiene vuelta atrás.

Aún peor, si ese niño, con 12 años, claramente perdido, decide cambiarse de colegio, unos padres cabales se habrían planteado que algo no funciona y habrían tratado de ver más allá. Porque el hecho de que no actuárais en su momento me puso en riesgo gravemente, algo que un par de años más tarde empezó a germinar en forma de compañías poco recomendables como una manera de oposición a unos padres que no escuchaban más allá de las palabras.

Han pasado muchos años, he cometido muchos errores. Pero si de algo estoy seguro, es que me he pasado toda la vida sin saber explicarme y sin ser atendido realmente, más allá del «papá, cómprame esto» o «mamá, enséñame a cocinar» (por cierto, una de las mayores contribuciones, aunque tremendamente material, una vez más, a mi autonomía personal).

No sé. Sé que no elegimos a la familia y que la tendemos a preservar como estructura que nos fija un poco al mundo y nos da estabilidad. En mi caso, sin embargo, no es tanto así, ya que ni me fija mucho al mundo (un ser con los pies encolados al suelo y la cabeza en huída constante) ni me aporta estabilidad.

Desde que en el año 2003 empecé a plantearme empezar a cuidarme, mis intentos por seguir una dieta adecuada *para mí* (ojo, yo no se la impongo a nadie) los habéis mirado como muestras de esnobismo y, en cualquier caso, habéis aprovechado cualquier reunión familiar para ponerme en un aprieto.

Supongo que no os dais cuenta, pero además del sueño, de cuidarme de las amistades, y de otras cosas que entran en vuestro estándar de calidad de vida, hay otras cosas en las que no estamos de acuerdo y nunca lo estaremos. Me daña estar sentado, me dañan ciertos tipos de comida, me dañan ciertos tipos de actitudes... yo no pido que pensemos igual. Solo pido respesto.

Durante los años siguientes ocurrieron muchas cosas que viví como una tragedia aunque ahora veo que eran muy necesarias: romper con el grupillo del instituto, irme del Colectivo 1984... En aquella época, una vez más, hice *lo que sabía hacer*: huir de lo que quemaba y tratar de seguir adelante. Estaba en un momento de muchísima fragilidad y solo recibí algo de comprensión por parte de mi madre, que ahora está muerta.

La verdad es que podría decir que soy emocionalmente cada vez más estable a pesar de ti y a pesar de la familia tan tontita que me ha tocado vivir. Pero me da pena, porque desde mi infancia he estado buscando una familia fuera de mi familia y ahora que empiezo a tener unas amistades más genuinas, me voy dando cuenta de que el problema es mi familia, que no quiere entender.

Supongo que en todos estos años habéis acumulado el odio suficiente por esa persona que no comprendéis y que es vuestro hijo o vuestro hermano como para llegar a considerar que soy un monstruo al que hay que proteger de sí y proteger de los demás o bien tratar con cautela (que no con los cuidados ni el cariño de rigor) mientras no se ponga hecho un basilisco.

La verdad, tenéis una posición muy cómoda que consiste en no entrar a comprender y sí entrar a meter cizaña para ver si podéis hacer saltar al otro, como si fuera una lucha. Yo no una familia así. Así, yo no quiero una familia.

No tenemos que estar de acuerdo en nada.

Solo pido respeto.

Y que no me levantes la mano.

miércoles, 24 de junio de 2020

Reconstruyendo mi vida

Aunque utilices las teorías de los 5 pilares o la de los 14 pilares del empoderamiento y aunque pongas en juego tus conocimientos recién adquiridos y tan apetecibles de la asertividad, recuerda que el arte de sanar es eso, un arte.

No puedes esperar que copiando la actitud actual de una persona que consideres de éxito vayas a emular su resultado, puesto que generalmente vamos encadenando e incluso compaginando distintos métodos, tanto de manera consciente como inconsciente.



No te desesperes, compañero, pues vivir es apasionante y ocurre primero;
aunque quieras demostrar, demuestra a quien lo valga;
encuentra y construye tus espacios seguros... y vívelos.
Con fuerza, compañero, que tu vida bien el intento.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Ponte en pie

Llega un momento en que tienes que madurar.

Madurar ahora significa cambiar las culpas por responsabilidades.

Responsabilizarte de lo que comes, del deporte que haces, de la gente que tratas, de lo que haces en tu tiempo de ocio.

Responsabilizarte incluso de si estás sentado o de pie. 
En la vida.
Ponte en pie. 

Crear con pocos recursos y sin personas: los mundos virtuales

La informática: las habilidades de crear sin las dificultades de lo simbólico.
A ver, las habilidades de poder crear porque, dado que la fuerza de trabajo en lo virtual es mucho mayor, una sola persona con algo de recursos puede crear mucho sin involucrar a lo simbólico: hablar con otras personas, comprenderlas, involucrarlas en un proceso colectivo.
Se puede crear mucho pero a fin de cuentas lo creado es tan enormemente virtual que si desenchufas solo queda una caja.

lunes, 17 de febrero de 2020

Gente tóxica... también en la izquierda

A menudo se habla de que hay gente tóxica y que hay que quitarla de nuestras vidas lo antes posible una vez la hemos identificado.

Dentro de la gente tóxica podemos identificar dos grupos:

a) Gente tóxica no organizada: Este tipo de gente suele estar sola o bastante aislada por el hecho de que, al ser tóxica, casi nadie se quiere acercar a ella.

Un ejemplo es el de un conocido que pretendió ser amigo mío varios años cuya relación conmigo se basaba en llamarme con la excusa de quedar en persona y pedirme dinero una vez en su casa (el casi nunca vendría a la mía). En los últimos meses no solo me pedía dinero sino, también, ayuda con sus ejercicios de informática; iba, le hacía los ejercicios y me volvía a casa humillado y sin ganas de pasar tiempo con él ni en su casa, lugar que, por cierto, siempre ha estado bastante sucio y desordenado, con restos de comida de varios días por todas partes y una capa de suciedad bastante importante.

Pero me libré de él.


b) Gente tóxica organizada: En esta categoría caben grupos como colectivos políticos, grupos de consumo, etc. Esta categoría engloba a gente que es tóxica e incluso a grupos que son tóxicos.

Un ejemplo reciente es el grupo de consumo al que estaba apuntado en el barrio. Estando yo de baja y sin mediar palabra, siguiendo su tónica habitual de eliminar del grupo a quien llevara más de mes y medio sin pedir, sin mediar palabra alguna, como de constumbre, me sacaron del grupo.

No había vuelto a saber de este grupo salvo porque, el otro día, me llegó un correo en copia visible con el documento de reparto de esta semana. Les contesté pidiendo explicaciones por la eliminación sin mediación del grupo. Ayer me contestaron diciendo que es que no he dado señales de vida en todo este tiempo y que ven justificado eliminarme sin escribirme para ver qué me pasa.

Pero me libré de ellxs.


Lo malo la gente tóxica organizada es que no se circunscribe exclusivamente a los ámbitos de la derecha sociológica sino que, por desgracia, también está bastante presente en la izquierda más combativa.

Podríamos decir que aunque aparentemente estén en la izquierda, realmente están entre la izquierda. Se disfrazan de gente combativa, con principios pero, en realidad, son bastante de derechas en un plano sociológico.

viernes, 14 de febrero de 2020

La pena de ser muy inteligente y tener trastorno bipolar junto con no poder fiarse del entorno más inmediato

Hoy quiero hablar de una combinación que no sé si se da mucho pero que es mi caso y considero que es altamente incapacitante porque si bien la inteligencia te permite hacer análisis muy lúcidos e incidir sobre algunas piezas del tablero, cuando se conjuga con un entorno más inmediato que no es de confianza, como es el caso ahora mismo, ocurre que salirse de lo que ese entorno considera que uno puede hacer implica que uno está haciendo «demasiadas cosas» o tomando «decisiones a la ligera» y que, probablemente, esté a punto de entrar en manía.

Mi familia viene demostrando desde antes de mi diagnóstico en 2011 que, bien con paños calientes, bien con reproches y sequedad, no confían en mi capacidad para mejorar y quizás superar mi situación, aduciendo que estoy yendo a muchos médicos (haciendo muchas cosas) y dando a entender de fondo que no tengo potestad para estar malo de ninguna otra cosa que no sea lo mental ni para tratar la dolencia no mental y, por supuesto, que esta repentina actividad a sus ojos debe cesar para que no saquen el fantasma del ingreso, la incapacidad, etc.

Hay que aclarar, esta actividad nunca es repentina, pero para esta gente empeñada vitalmente en golpear sin descanso al topo que asoma por el hoyo, cualquier movimiento de un enfermo mental debe ser permitido un tiempo y, cuando ya no les es llevadero, denunciado como repentino y propio de una crisis de la enfermedad mental de turno con la que hayan sitiado a su familiar persona atípica.

Continuará.

viernes, 10 de enero de 2020

No quiero crecer: El instituto y año 2000

Igual que a las máquinas le «salió» un problema en el 2000 y lo solucionaron, a mí me surgió un problema y no lo solucioné... bueno, fueron unos cuantos problemas asociados.

Echaba de menos a mis compañeros del primer colegio. Los echaba de menos porque soy muy idealista, muy nostálgico y, también, los echaba de menos porque había decidido dejar aquel colegio a final de curso sin sopesarlo mucho, poco o nada, más movido por el orgullo de un niño especial que había tenido problemas los últimos años y había ido creándose una reputación de furioso y odioso (seguramente eran más bien apreciaciones de aquel niño, pero eso nunca lo sabremos con certeza).

Echaba de menos a mis compañeros del segundo colegio. Los echaba de menos porque a diferencia de un entorno más bien agresivo como el instituto actual, el anterior colegio gozaba de cierta buena cultura y gusto y bastante cuidado al estilo del primer colegio, con profesores que miraban mucho más allá de la lección y de vez en cuando me sacaban de clase (como don Pablo) para inquirirme sobre mi bajo rendimiento académico y para confirmar sus sospechas de que yo dormía anormalmente poco.

También echaba a estos últimos de menos porque en los dos años que había pasado allí (13 a 15 años) había empezado la pubertad o la adolescencia o como quiera que se llamara aquello y había empezado a encontrar amigos con los que descubrir relaciones de mayor proximidad y con las que me sentía más realizado.

Sin embargo, fue en los años en aquel segundo colegio cuando empecé a merodear aquello de «La Fuente», un grupo de personas provenientes sobre todo de aquel colegio y que nos dedicábamos a pasar las tardes tras el colegio iniciándonos primero en el tabaco y el alcohol y más tarde en los porros y otras cosas. Este fue mi ámbito de socialización extraescolar principal en aquellos años y me marcó y condicionó enormemente.


Echaba de menos un ambiente protegido. Y digo protegido en el sentido de cultura, cuidados extra por parte del profesorado y la administración del instituto (ya no estaba en ninguno de los dos colegios anteriores; ni en el primero «pijo cool» ni en el segundo «académico puturrú»). El instituto y sus dinámicas permitían que te fueras a la mierda con muchísima facilidad y, si en 4º de ESO tuve un año académico de rendimiento excelente, no lo fue así en el ámbito social y eso, unido a mi participación más activa en «La Fuente», hizo que en 1º de Bachillerato, con el incremento de la dificultad del curso, empezara a fallar, petardear y faltar a clase en pro de algunas mañanas en «La Fuente» y posterior asistencia a clase fumado, con el descrédito de profesores y compañeros de clase, estos últimos alejándose poco a poco de mí).

Realmente cabe aquí una aclaración, porque estas dinámicas que «empecé» según este escrito en 1º de Bachillerato habían sido habituales en 3º de ESO en el segundo colegio, con mi mejor amigo de entonces como principal cómplice. Y mi mejor amigo de entonces se cambió conmigo al instituto, permaneciendo yo el primer año (4º de ESO) alejado de él y más centrado en los estudios y volviéndome más cercano a él y al ambiente de jolgorio, por mis necesidades de socializar, durante el siguiente año (1º de Bachillerato) y siguientes, lo que me haría bajar el rendimiento académico en 1º de Bachillerato de tal modo que me quedaron 4 asignaturas, repetí curso y, fruto de mi búsqueda vital y de sentirme extraviado, decidí cambiarme de ciencias puras a humanidades, lo que de nuevo condicionaría y mucho mi vida.

En resumen:
2º colegio: primer año bien, segundo año conozco a amigos que me llevan por una senda algo tóxica
instituto: primer año bien, segundo año me dejo llevar por extraescolar en parque mal y faltas a clase, tercer año empiezo a faltar por mi cuenta (me dormía por las mañanas por quedarme toda la noche con el ordenador).

Esto aún colea ahora, 17 años después.
He roto con la mayoría de amigos, no consumo más que alguna cerveza si salgo por necesidades del servicio y trato de dormir de noche y aprovechar de día.

Pero la gente que me rodea y que no es mi familia (y que tiende a pesar más desde que no está mi madre, aunque trato de contrarrestarlo con otras cosas) tiende a eso:
- despiertos de noche hasta las tantas por sistema
- dormir de madrugada y de mañana hasta el mediodía
- algunos incluso bebiendo y/o fumando a diario
- casi ninguno trabaja ni hace una vida sana
- ni por asomo compartir salidas al campo, a pasear, a correr, al teatro, a cine de calidad, a nada

Estoy solo pero he sobrevivido.

Quiero mucho a mi familia.
Hago deporte.
Trato de comer sano.

En fin, sobreviviendo.

La culpa es del sistema, ¿de cuál de ellos?, y llega un momento que hay que salirse, aunque la gente se quede en la cuneta... no quieren salvarse, lo siento mucho por ellxs.

domingo, 15 de septiembre de 2019

El planchado

El planchado se inventó cuando se tuvo que secar una olla que se había rebosado y la pasearon sobre un paño de cocina

Clavo en la cabeza

 Como cada día enfrentó los ejercicios matutinos con la misma estoicidad que le caracterizaba desde que en verano empezase a sentir las arañ...